martes, 13 de febrero de 2018


Taller de contes i relats breus                 DEURES – 15

Escriviu un relat de no més d’una pàgina.

Narrador: 1a persona

Gènere: NEGRE

Novela negra

La novela negra es un género literario en el que denuncia una sociedad en crisis, instituciones corruptas, dentro de una atmósfera de violencia y miedo. En ella se contextualiza la parte humana y social de los crímenes, que se muestran con una tenue división del bien y el mal.

En las novelas negras encontramos generalmente un crimen a investigar que genera unos sucesos a través de los cuales se llega a esos ambientes marginales. Aquí el protagonista es un antihéroe, muchas veces un fracasado lleno de conflictos, que enfrenta al criminal usando sus mismos métodos.


 

 

 

 

Diferencias entre Novela negra, Novela policiaca,

Novelas de misterio, Novelas de misterio, Novelas,

Thriller, Novela psicológica, Novelas de terror

 

Si bien hoy en día las novelas son una mezcla de muchos géneros, es importante tener claro algunos conceptos antes de empezar a leer un libro, ya que por naturaleza tenemos predilección por un tipo de literatura, a algunos les gusta más el terror y otros les gusta más el suspenso. Por supuesto esto también nos ayuda a la hora de elegir una película, ya que por ejemplo sabremos que vamos a encontrar en una película thriller o en una película de misterio.

Hay una confusión muy generalizada y muchos tienden a confundir y pensar que son lo mismo la novela negra y la novela policiaca, o el thriller, el misterio y el suspenso. Sin más, entonces empecemos con la definición de las distintas novelas para así aclarar las sutiles diferencias.

Novela negra

La novela negra es un género literario en el que denuncia una sociedad en crisis, instituciones corruptas, dentro de una atmósfera de violencia y miedo. En ella se contextualiza la parte humana y social de los crímenes, que se muestran con una tenue división del bien y el mal.

En las novelas negras encontramos generalmente un crimen a investigar que genera unos sucesos a través de los cuales se llega a esos ambientes marginales. Aquí el protagonista es un antihéroe, muchas veces un fracasado lleno de conflictos, que enfrenta al criminal usando sus mismos métodos.
Uno de los exponentes más recientes del género lo tenemos en
Carmelo Anaya, el cual ganó el premio Wilkie Collins por su obra ‘Ordo Dei (Perdedores anónimos)’ del 2012.

Novela policiaca

La novela policiaca también es conocida como novela detectivesca. El protagonista generalmente es un detective, que trata de resolver un enigma criminal, a través de la indagación, la observación y la deducción, y al final descubre quién, donde y como se hizo el crimen. El héroe más representativo es Sherlock Holmes, que solía resolver casos con sus cálculos mentales.

Un punto a destacar es la marcada diferencia entre buenos y malos. En la novela policiaca no se suele ahondar en los motivos personales ni en la psicología de los protagonistas.

Novelas de misterio

Las novelas de misterio tienen por propósito crear incertidumbre en el lector, para ello tiene como base resolver una pregunta que nadie ha resuelto. Generalmente dentro de una novela de misterio se enfoca en la investigación de un crimen, en el que por supuesto hay un criminal y un investigador que le persigue. El investigador puede ser un profesional o un aficionado.

La característica principal en la novela de misterio es que es una narración donde el lector y el protagonista van descubriendo unas pistas para solucionar un puzzle que termina por develar la identidad del criminal. Es muy común encontrar pistas falsas que despiertan sospechas que generalmente son aclaradas al final.

Novela de suspenso

Su objetivo principal es mantener al lector a la expectativa, en un estado de tensión, de incertidumbre o de ansiedad, que mantiene al lector a la expectativa del desarrollo de un conflicto y pendiente de lo que pueda ocurrirles a los personajes.

A diferencia del misterio, en las novelas de suspenso el lector tiene más información que el protagonista. Para que exista suspenso, es necesario involucrar al lector en los acontecimientos revelando pistas sobre lo que va a ocurrir y que el protagonista no tiene. Las novelas de suspenso se diferencian de la novela negra, en que el autor se centra en las víctimas ubicándolas en medio de un peligro, mientas que en la novela negra se centra en el protagonista, un detective. Por otra parte, muchos afirman que sin misterio no hay suspenso.

Novelas Thriller

Anteriormente, solo se usaba de manera genérica refiriéndose a otros tipos de novela, pero en los últimos años se le ha asignado un estilo propio. La palabra thriller, derivada del verbo thrill (conmover, estremecer, emocionar). El Thriller mezcla en si un conjunto de emociones, excitación, miedo y regocijo que suceden de manera constante y a toda velocidad, manteniendo la atención del lector. En los thrillers tenemos por protagonista a una persona generalmente común, que lucha contra un antagonista que suele ser un terrorista, psicótico.

En el thriller el conductor principal de la historia es la acción, y los protagonistas son sometidos a situaciones extremas, produciendo todo tipo de emociones en el lector. No todos los Thrillers son novelas de suspenso, aunque todas las novelas de suspenso si son Thrillers. El Thriller se diferencia de la novela negra en que no necesariamente hay un crimen.

Novela psicológica

En la novela psicológica se centra en el interior de sus personajes, su forma de pensar, sus motivaciones, así como la descripción de los estados de ánimo, deseo y temores de nuestros protagonistas.

En estas novelas, la trama surge de las reacciones de los personajes a los dilemas que se enfrentan. Aquí lo importante es que el lector pueda sentirse identificado con algunos de los personajes, que pueda sentir tristeza con ellas, que se alegre de sus triunfos, o que definitivamente los aborrezca.

Novelas de terror

La novela de terror tiene por objetivo el despertar y cultivar en el lector emociones relacionadas con el miedo. Se diferencia de otros géneros en que ahonda en el porqué de las acciones.

En sus inicios las novelas de terror se trataban de un horror sobrenatural, de supersticiones, de ambientes lúgubres, de desastres; mientras que en la actualidad se usa el terror psicológico, el cual se centra en el miedo que sienten los protagonistas, para así maximizar y producir más terror en el espectador. Un ejemplo de novela de terror, sería el conocido “The Ripper”.

Cómo lo decía al inicio, hoy en día no existen unas reglas inamovibles, sino que todos estos son ingredientes que se mezclan en las diferentes obras, lo importante es tener un punto de inicio para acercarse a la lectura.

 

miércoles, 7 de febrero de 2018


Transcripción de LOS PLANOS DE LA NARRACIÓN

Normalmente en una narración hay que distinguir entre lo que se cuenta ( la historia propiamente dicha) y la historia como se cuenta ( el modo de narrar). Ambos aspectos están presentes en la narración, aunque en ocasiones uno puede predominar sobre el otro
LOS PLANOS DE LA NARRACIÓN Mishell Alvear 10°
*Situación inicial
Es la situación de partida, en la que se da a conocer el marco en el que se desarrolla la acción, así como a los personajes
*Problema
Se trata de un conflicto que cambia la situación que se dio a un principio, creando ahora un estado inestable.
*Acciones de los personajes
Los personajes (todos o algunos de ellos) realizan una serie de acciones encaminadas a resolver el problema que se ha planteado.
*Desenlace
Como consecuencia de las acciones de las acciones anteriores se produce un resultado que suele ser el final de la narración. Aunque frecuente que una narración presente todos estos elementos, algunos pueden faltar en diferentes narraciones
El modo de narrar
Una misma historia (un mismo argumento) se puede contar de muchas formas diferentes. Se pueden elegir determinados enfoques de la acción, puntos de vistas distintos, añadir o eliminar algunos aspectos de esta. el modo de narrar no cambia la historia, pero determina en gran medida nuestra percepción de ella.
Lo que se cuenta
La historia está constituida por lo que se cuenta, es decir, el argumentos e trata de un conjunto de hechos, ya sean reales o ficticios, que integran la narración. La historia suele predominar en aquellos casos que el autor busca, sobre todo, hacer llegar al lector los hechos.
Por ejemplo: La novela de tipo realista, en la que prevalece la objetividad del narrador.

El argumento de una narración responde a un esquema más o menos fijo.

 

Raymond Queneau versus la Literatura española: cuatro ejercicios de estilo
 
En el S, a una hora de tráfico. Un tipo de unos veintiséis años, sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta, cuello muy largo como si se lo hubiesen estirado. La gente baja. El tipo en cuestión se enfada con un vecino. Le reprocha que lo empuje cada vez que pasa alguien. Tono llorón que se las da de duro. Al ver un sitio libre, se precipita sobre él.
 Dos horas más tarde, lo encuentro en la plaza de Roma, delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: “Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo.” Le indica dónde (en el escote) y por qué.
Raymond Queneau, Ejercicios de estilo
 
 
 Jamás tan breve asunto dio para tanta literatura. Un día cualquiera, una anécdota insignificante en un ómnibus parisién de la línea S. Por desgracia para los habituales de los eventos culturales y recreativos al estilo Bloomsday, desconocemos el día, el mes y el año. No sabemos qué impulsó al francés Raymond Queneau para elegirlo como tema de un opúsculo titulado Dodecaedro (1942), que consistía en una docena de repeticiones del trivial suceso desde distintas perspectivas.
El esperable y oportuno rechazo del editor desencadenó una hiperactiva multiplicación del texto, detenida por Queneau al alcanzar su nonagésimo nona versión. Nace así Exercices de style (1947), monumento a la creatividad para unos, piedra de escándalo para otros.
Referir cien veces la misma historia al lector, ¿es un alarde de ingenio o una petulancia capaz de irritar al más paciente? Quienes somos padres de familia y hemos tenido que narrar, noche tras noche durante meses, el inevitable desahucio de Los tres cerditos, el paseo por el lado salvaje de Caperucita Roja o la frenética necesidad de aprobación de Cenicienta, sospechamos que a menudo el narrador se fatiga antes que los narratarios. De ahí la necesidad de cambiar el ritmo o el tono, el juego de retorcer la trama sin alterarla definitivamente hasta el punto en que los exigentísimos oyentes protesten: “¡Nooo! ¡Que así no es!”.
 
En nuestro actual panorama literario y cultural, se echan de menos escritores que, como Queneau, arriesguen, experimenten y hasta improvisen en busca de otras visiones del relato, persiguiendo no ya el virtuosismo, sino la ruptura que supone una nueva expresividad. No estaría de más cultivar la excelencia literaria… si no fuera por la suficiencia de editores y lectores, que, abonados a los sólitos argumentos y tratamientos, claman una y otra vez: “¡Nooo! ¡Que así no es!”
 Como profesional docente del ramo, me pregunto si la forma en que se enseña la Literatura española en las aulas ayuda a despertar la apreciación de una expresión variada, original, novedosa. Los estudiantes se dan por satisfechos con enterarse de cómo termina el argumento — al final, ¿el héroe se muere o se casa? — sin fijarse en la arquitectura de la obra, en la organización del discurso o en las connotaciones de la trama. Leer entre líneas es tan difícil de aprender que muchos solo perciben espacios en blanco.
 
Tal vez esta suerte de daltonismo literario hispano venga desde mucho tiempo atrás. Concretamente, desde tiempos del infante don Juan Manuel, el primer prosista en castellano cuyo nombre no hemos querido olvidar. Juan Manuel, nuestro narrador más previsible y predecible: siempre los mismos, Lucanor, Patronio, puntuales y repetitivos como muñequitos animados de un reloj, con sus cuentecillos de argumento conocido y sus moralejas rimadas. Para Juan Manuel, la literatura es una mera actividad de enseñanza-aprendizaje — ya lo decía Horacio: Aut delectare aut prodesse est —  y lo mejor es repetir siempre el mismo esquema hasta que el Lucanor de turno se quede con la copla. El que fuera todo un Adelantado del Reino, ya ven ustedes qué paradoja, sentenció a generaciones de futuros lectores a contentarse con la narración preestablecida, con la norma de estilo inamovible, con la lectura hecha aburrimiento útil.
 
A partir de ahí, reconozcámoslo, y salvo notorias excepciones, la mayoría de los autores que forman el canon literario español no se caracterizan por su originalidad o rupturismo. Y los lectores, como pequeños lucanores, siguen por el mismo camino. Las obras de mayor éxito comercial apuestan a la seguridad de un léxico, una sintaxis y una arquitectura verificados por su uso trillado en los medios de comunicación o la conversación cotidiana, cada día más empobrecida. El público sonríe satisfecho cuando termina de leer un best-seller de expresión ramplona, pero en el que “pasan muchas cosas. ¡Te engancha y no puedes dejarlo hasta que acaba!”
La lectura como comunicación instantánea y de escaso poso parece haber ganado la partida. La trama es lo que importa. La mayoría rechaza lo inesperado, lo difícil, lo que supone un reto a la inteligencia, imaginación o sensibilidad del lector. Vencida la Poesía y desterrada al trastero de las extravagancias inútiles, asistimos a la muerte lenta de la creatividad en la Literatura.
 
Porque Literatura es vestir las palabras con traje de fiesta y no con una desgastada sudadera de uso diario; Literatura es crear un mundo nuevo a partir de la expresión verbal, y no lo es exprimir los datos de un suceso usando formularios preestablecidos. Literatura es crear arte con las palabras; lo demás es vender productos editoriales. Ay, qué claro lo tenía el maestro Rafael Lapesa y qué duro resulta para nosotros, los jornaleros de la tiza, hacerlo comprender a nuestros pequeños lucanores, ávidos de memorizar las dos líneas rimadas que les valdrán un aprobado en la evaluación.
La Literatura es mágica cuando nace, no en la pluma del escritor, sino cuando alguien por primera vez lee o escucha un texto y recibe su luz como el primer rayo del sol naciente. Lo demás es silencio, como repetiría el otro Horacio. La difícil tarea de los docentes literarios es provocar esa anagnórisis en los escolares, lo que resulta difícil si uno se pone en el previsible papel de un Patronio que repite mecánicamente las mismas consignas. (“Copiad, chicos: La Literatura es el arte de la palabra…”).
 
Cada vez que me enfrento a tener que leer de nuevo en el aula De lo que aconteció a una mujer que le decían doña Truhana, o reencontrarme con el soneto de la nariz, o desentrañar el significado de “un hidalgo de los de lanza en astillero”, una parte de mí siente el mismo hastío que si tuviera que arrancar: “Érase una vez una mamá cerdita que tenía tres cerditos…”.
Y entonces se me aparece, al rescate, el fantasma de Raymond Queneau. ¡Hay que contarlo de nuevo, y que resulte nuevo! Todo vale: cambiar el ritmo, el tono, la interpretación. Gesticular, fingir asombro, dibujar monigotes en la pizarra, esconder la mano como si se hubiera perdido en Lepanto, escupir denuestos contra los poetas gongorinos y devolverlos con soltura desde la otra esquina del encerado, encarnar a los personajes, jurar amor vehemente, provocar la risa, mover al llanto. ¡Todo por la anagnórisis!
Raymond me va pinchando si un chaval bosteza, si las chicas suspiran, si el fondo sur estalla en carcajadas. ¡El timbre suena! Rápido, hay que repetir función en otra aula. Corrijo: Hay que reinventarla. Mientras atravieso los pasillos del instituto, Queneau me palmea la espalda, Quevedo sonríe con sorna y el infante Juan Manuel me lanza miradas circunspectas. Incluso les aseguro que una vez la sombra de don Antonio Machado me dijo muy seriamente: “Señor González, ha forzado usted mucho la interpretación de mi poema, pero… Bueno… Usted ya sabe… Que todavía no he suspendido a nadie.” A su espalda, Raymond Queneau trazaba muecas reinterpretando su discurso.
 
 De vuelta a casa, toca corregir pilas de exámenes que repiten insulsos las mismas respuestas estereotipadas, y que se llevan el mismo aprobado normalizado. En una pausa, leo por Internet unas declaraciones del príncipe de los críticos: “No creo que haya nada radicalmente nuevo en la literatura actual.” ¿Y tú qué opinas, Raymond? Detrás de sus anteojos parece contestarme con un enigma: “Los libros más nuevos no son los que están recién escritos, sino los que todavía no hemos leído.”
En homenaje a Raymond Queneau, a todos los autores y docentes de nuestras letras, y a todos los que siguen explorando la originalidad, he preparado cuatro Ejercicios de estilo como punto de encuentro entre la novedad, la repetición y la reinterpretación literarias. Porque todavía nos quedan muchas formas de leer y explicar los mismos poemas antes de caer en el aburrimiento.
 
 
I. Berceana
Un día de verano, ya casi al mediodía,
subí a un autobús que muy lento venía.
Estaba tan completo que nadie mas cabía.
Si no fuese tan tarde, a otro esperaría.
En medio del transporte, había un viajero
con el cuello muy largo, más largo que es enero.
Tocaba su cabeza con enorme sombrero
que en vez de una cinta tenía un cordón de cuero.
Al lado tenía un viejo con asma y con patillas
que le pisa los pies y machaca las costillas.
El joven le increpa y le busca las cosquillas,
mas deja la disputa cuando hay libres dos sillas.
Después de un par de horas, en la plaza de Roma,
lo veo y no lo creo, el mismo tipo asoma.
Un colega le dice: “No pienses que es en broma,
aquí falta un botón. Este es mi sastre, toma.”
II. Manueliana
 CUENTO LII: Lo que sucedió a un mancebo que viajaba en colectivo
Otro día, hablando el conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo así:
– Patronio, un hombre que se llama mi amigo me dice que mis jubones son poco elegantes por estar muy escotados, y que no conviene al decoro de las gentes de mi estado y riqueza que sus ropas tengan tan pocos botones. A lo que él se ofrece para remediarlo con la intervención de un sastre que es cuñado de él mismo. Y pues vos tenéis buen juicio sobre atuendos y protocolo, ruegoos que me digáis lo que mejor me conviene hacer.
–Señor conde – contestó Patronio –,  para poder responderos debidamente, me gustaría que supieseis lo que aconteció a cierto viajero de un ómnibus en la ciudad de París.
Y el conde le preguntó cómo fuese aquello.
–Señor conde – prosiguió Patronio –, en uno de esos carromatos de transporte colectivo que usan los parisienses viajaba en cierta ocasión un mancebo de cuello larguirucho y sombrero de fieltro, engalanado con  un cordón en lugar de una cinta. Como el vehículo estuviera repleto de gentes y no hallara ningún asiento disponible, hubo de viajar de pie sobre la plataforma. Además de la incomodidad que le causaba la plebe al subir y bajar del artefacto, tenía que sufrir los empujones y pisotones que le prodigaba otro viajante malintencionado y de provecta edad. El mozo del sombrero protestaba y porfiaba, pero abandonó la discusión cuando por ventura quedó libre una plaza sentada, sobre la que se lanzó confiado, sin preocuparse de las hablillas de los demás viajeros.
“Dos horas después, en la plaza que dicen de Roma, el mancebo finalmente llegó a la cita que tenía allí con un su amigo. Pero su disgusto fue mayúsculo cuando este reprobó su indumentaria, aconsejándole que se pusiera un botón más en el escote de su tabardo, por mor de las mutables veleidades lutecianas en materia de vestimenta.
“A Vos, señor conde Lucanor, pues me pedís consejo para algo tan nimio como coser o descoser un botón en vuestro jubón, yo os recomiendo que hagáis como os plazca y que deis al diablo el botón, el amigo y el jubón, y que tengáis en cuenta que ya sois mayorcito y capaz de elegir vuestra vestimenta como gustéis y de ignorar las habladurías a que vuestras elecciones dieren lugar. Si malgastáis la jornada en discutir con vuestro consejero preocupaciones tan ridículas como la altura de los botones en un jubón, no os quedará tiempo para las obligaciones urgentes de la política a que vuestro cargo os sujeta, y no seréis recordado por las generaciones venideras como un espejo de gobernantes prudentes, sino como un inmaduro que no sabía ni vestirse sin antes haberlo consultado con un secretario más o menos ingenioso.”
Al conde gustó mucho el consejo de Patronio, y actuó como él le había dicho, y le fue muy bien.
Y cuando don Jaime escuchó esta historia, le pareció tan buena que la hizo poner en este libro, e hizo unos versos que guardan la moraleja y dicen así:
 
Si discutes y gritas cuando te dan un pisotón,
también debes hacerlo si te reprenden por tu botón.
 
III. Quevediana
Érase un hombre a un cuello encaramado,
érase una jirafa con sombrero,
era una testa coronada en cuero.
Érase un autobús abarrotado.
Érase un vejestorio cabreado,
érase un pensionista puñetero.
Érase un pisotón muy traicionero,
éranse una discusión y un altercado.
Érase un asiento libre de repente,
al que el joven flamenco se abalanza.
Érase un paréntesis de una hora.
Érase otro gabacho incontinente
que al primero censura y asesora
a coserse un botón sin más tardanza.

IV. Machadiana
 
Una mañana brillante
y templada de otoño.
Los colegiales no estudian.
Es la clase. Monotonía
de la tiza en las pizarras.
El proyector representa
a un monsieur cuellifino
y un viejo de más de ochenta,
junto a un asiento vacío
de un autobús parisino.
Con tono bien estudiado,
trina el maestro, un humano
muy leído y mal pagado
que lleva un Ipad en la mano.
Y todo un coro infantil
va chafando la lección:
“¿Hay que copiarlo, profe?
¿Esto entra en el examen?
¿Raymond qué? ¿Quenó?
¡Ha dicho que no!”
 
Una mañana brillante
y templada de otoño.
Los colegiales no estudian.
Es la clase. Monotonía
de la tiza en las pizarras.
 
 

martes, 6 de febrero de 2018


Taller de contes i relats breus                 DEURES – 14

Escriviu un relat de no més d’una pàgina.

Narrador: OMNISCIENT

Narració: COMENÇAR PEL FINAL (IN EXTREMA RES)

Atmosfera: Procureu que es noti qualsevol tipus d’atmosfera en el relat.

In extrema res o cómo empezar a contar una historia por el final


La técnica narrativa denominada in extrema res (expresión latina que significa “en el extremo de las cosas” o “al final del asunto") consiste en comenzar una narración por el final de la historia o por un punto cercano al final en lugar de por su inicio, es decir, mostrando a los personajes en la situación en la que quedan tras la peripecia vivida.

In extrema res (figura 1)


En la figura, la flecha indica un posible punto de comienzo de la narración in extrema res.

Un ejemplo de uso de esta técnica lo tenemos en el relato La sombra sobre Innsmouth, de H. P. Lovecraft, que comienza explicando cómo el protagonista alertó de lo que sucedía en el pueblo de Innsmouth y cómo las autoridades federales procedieron a tomar el lugar y a bombardear con cargas de profundidad los arrecifes cercanos.

Durante el invierno de 1927-28, los agentes del Gobierno Federal realizaron una extraña y secreta investigación sobre ciertas instalaciones del antiguo puerto marítimo de Innsmouth, en Massachusetts. El público se enteró de ello en febrero, porque fue entonces cuando se llevaron a cabo redadas y numerosos arrestos, seguidos del incendio y la voladura sistemáticos —efectuados con las precauciones convenientes— de una gran cantidad de casas ruinosas, carcomidas, supuestamente deshabitadas, que se alzaban a lo largo del abandonado barrio del muelle. [...] Fui yo quien, a primera hora de la mañana del 16 de julio de 1927, huyó frenéticamente de Innsmouth, y quien suplicó horrorizado al Gobierno que abriese una investigación y actuase en consecuencia, petición que dio origen a todo el episodio relatado.

Tras esta introducción, el relato de los hechos retrocede al inicio de la historia para explicar cómo el protagonista llegó a Innsmouth y lo que vivió allí.

Nunca había oído hablar de Innsmouth hasta la víspera del día en que lo vi por primera y —hasta ahora— última vez. Celebraba mi mayoría de edad dando la vuelta a Nueva Inglaterra —turismo, antigüedades, interés genealógico— y había planeado ir directamente desde el antiguo pueblo de Newburyport a Arkham, de donde provenía la familia de mi padre.

El uso de la técnica in extrema res nos permite, básicamente, dejar al lector intrigado: una vez le hayamos mostrado la situación en la que han acabado los personajes, querrá saber cómo llegaron a ella y conocer la respuesta a cualquier interrogante que el inicio del relato haya dejado planteado. Esto le obligará a seguir leyendo.

Así, en La sombra sobre Innsmouth, el lector querrá saber qué le sucedió exactamente al protagonista y qué se ocultaba en el pueblo y el arrecife cercano. No lo sabrá hasta haber leído la totalidad del relato.

Podemos, hábilmente, no adelantarle al lector todo el final de la historia, sino reservarnos cierta información importante que sólo le comunicaremos al término de la narración. Así, el cierre del texto le satisfará del todo.

En La sombra sobre Innsmouth, una vez las autoridades han tomado cartas en el asunto, el protagonista aún sigue realizando pesquisas sobre la gente que habitaba Innsmouth, lo que le lleva a obtener un aterrador último dato.

Fragmentos de La sombra sobre Innsmouth tomados de Los mitos de Cthulhu, varios autores, Alianza Editorial, 1980.
Este material pertenece al
curso online de novela que imparte César Sánchez.

 

La lengua 14

El narrador y los personajes, para ser creíbles, deben utilizar variedades de la lengua coherentes con su caracterización.

Las variedades de la lengua se agrupan en cuatro grandes clases: geográficas, socioculturales, históricas y funcionales.

Los usos más frecuentes de la lengua son el coloquial, el formal y el interno o el pensamiento.

El léxico es el con conjunto de palabras, locuciones, modismos y giros que caracterizan una variedad de la lengua.

En el campo literario se utilizan frecuentemente, entre otros, léxicos familiares, regionales y psicológicos, así como léxico inventado y extranjero.

Las jergas son lenguajes, con su léxico específico, que utilizan grupos o colectivos sociales diferenciados.

Entre las jergas destacan las juveniles, las idiomáticas, las profesionales, las de ambientes marginales y las de sectores de bajo nivel cultural.

 

Taller de textos número 14

Gitanismes

Escriure una història utilitzant aquestes paraules del caló gitano:

GITANO
CASTELLANO
CATALÀ
LEA
PAÑI
PAPIRÍS
SOBAR
BUCHANTE
CHUNGO
FUL
LARACHA
MACHIRÍ
RACAÑÍ
QUEL
 
TASABAO
 
CHAY
FUSCO
FUSCA
MENDA
Prostituta
Agua
Billetes de banco
Dormir
Tiro
Malo
Malo
Noche
Testigo
Agua
Domicilio, piso, vivienda
Muerto, asesinato, crimen
Joven, mocita
Revólver
Pistola
yo
 
Prostituta
Aigua
Bitllets de banc
Dormir
Tret
Dolent
Dolent
Nit
Testimoni
Aigua
Domicili, pis, habitatge
 
Mort, assassinat, crim
 
Jove, joveneta
Revòlver
Pistola
jo