martes, 14 de febrero de 2017


Taller de cuentos y relatos breves                                       DEBERES – 2

El Cuento, Quim Monzó y La Palabra, Vladimir Nabokov

Leer los dos cuentos.

Descubrir el narrador utilizado en cada caso.

Adaptar uno de los dos relatos, intercambiando los narradores.

Tope una hoja. Letra Arial 12 con el interlineado a 1,5.

 

 

Cuento de Quim Monzó: El cuento

A media tarde el hombre se sienta ante su escritorio, coge una hoja de papel en blanco, la pone en la máquina y empieza a escribir. La frase inicial sale enseguida. La segunda también. Entre la segunda y la tercera hay unos segundos de duda.

Llena una página, saca la hoja del carro de la máquina y la deja a un lado, con la cara en blanco hacia arriba. A esta primera hoja agrega otra, y luego otra. De vez en cuando relee lo que ha escrito, tacha palabras, cambia el orden dentro de las frases, elimina párrafos, tira hojas enteras a la papelera. De golpe retira la máquina, coge la pila de hojas escritas, la vuelve del derecho y con un bolígrafo tacha, cambia, añade, suprime. Coloca la pila de hojas corregidas a la derecha, vuelve a acercarse la máquina y reescribe la historia de principio a fin. Una vez ha acabado, vuelve a corregirla a mano y a reescribirla a máquina. Ya entrada la noche la relee por enésima vez. Es un cuento. Le gusta mucho. Tanto, que llora de alegría. Es feliz. Tal vez sea el mejor cuento que ha escrito nunca. Le parece casi perfecto. Casi, porque le falta el título. Cuando encuentre el título adecuado será un cuento inmejorable. Medita qué título ponerle. Se le ocurre uno. Lo escribe en una hoja, a ver qué le parece. No acaba de funcionar. Bien mirado, no funciona en absoluto. Lo tacha. Piensa otro. Cuando lo relee también lo tacha.

Todos los títulos que se le ocurren le destrozan el cuento: o son obvios o hacen caer la historia en un surrealismo que rompe la sencillez. O bien son insensateces que lo echan a perder. Por un momento piensa en ponerle Sin título, pero eso lo estropea todavía más. Piensa también en la posibilidad de realmente no ponerle título, y dejar en blanco el espacio que se le reserva. Pero esta solución es la peor de todas: tal vez haya algún cuento que no necesite título, pero no es éste; éste necesita uno muy preciso: el título que, de cuento casi perfecto, lo convertiría en un cuento perfecto del todo: el mejor que haya escrito nunca.

Al amanecer se da por vencido: no hay ningún título suficientemente perfecto para ese cuento tan perfecto que ningún título es lo bastante bueno para él, lo cual impide que sea perfecto del todo. Resignado (y sabiendo que no puede hacer otra cosa), coge las hojas donde ha escrito el cuento, las rompe por la mitad y rompe esta mitad por la mitad; y así sucesivamente hasta hacerlo añicos.



LA PALABRA


(cuento)


Vladimir Nabokov (Rusia – Estados Unidos, 1899-1977)


Barrido del valle de la noche por el genio de un viento onírico, me encontré al borde de un camino, bajo un cielo de oro puro y claro, en una tierra montañosa de extraordinaria naturaleza. Sin necesidad de mirar, sentía el brillo, los ángulos y las múltiples facetas de aquellos inmensos mosaicos que constituían las rocas, de los precipicios deslumbrantes, y el destello de innumerables lagos que me miraban como espejos en algún lugar abajo en el valle, tras de mí. Mi alma se vio embargada por un sentido de iridiscencia celestial, de libertad, de grandiosidad: supe que estaba en el Paraíso. Y sin embargo, dentro de esta mi alma terrenal, surgió un único pensamiento mortal como una llama que me traspasara – y con qué celo, con qué tristeza lo preservé del aura de aquella gigantesca belleza que me rodeaba-. Ese único pensamiento, esa llama desnuda de sufrimiento puro, no era sino el pensamiento de mi tierra mortal. Descalzo y sin dinero, al borde de aquel camino de montaña, esperé a los amables y luminosos habitantes del cielo, mientras el viento, como la anticipación de un milagro, jugaba con mi pelo, llenaba las gargantas con un zumbido de cristal, y agitaba las sedas fabulosas de los árboles que florecían entre las rocas que bordeaban el camino. Largos filamentos de todo tipo de hierbas lamían los troncos de los árboles como si fueran lenguas de fuego; grandes flores se rompían abiertas en las ramas brillantes y, como copas volantes que rezumaran luz del sol, planeaban por el aire, exhalando en sus jadeos unos pétalos convexos y translúcidos. Su aroma dulce y húmedo me recordaba todas las cosas maravillosas que había experimentado a lo largo de mi vida.

De repente, cuando me encontraba cegado y sin aliento ante aquel resplandor, el camino se llenó de una tempestad de alas. Escapándose de las cegadoras profundidades llegaron en enjambre los ángeles que yo estaba esperando, con sus alas recogidas apuntando a las alturas. Se movían con pasos etéreos; eran como nubes de colores en movimiento, y sus rostros transparentes permanecían inmóviles a excepción de un leve temblor extasiado en sus pestañas radiantes. Unos pájaros turquesa volaban entre ellos con risas felices como de adolescentes, y unos animales color naranja deambulaban ágiles, en una fantasía de manchas negras. Las criaturas se enrollaban como ovillos en el aire, estirando sus piernas de satén en silencio para atrapar las flores volantes que circulaban y se elevaban, apretándose ante mí con ojos brillantes.

¡Alas! ¡Más alas! ¡Por todas partes, alas! ¿Cómo describir sus circunvoluciones y colores? Eran suaves y también poderosas – leonadas, violetas, azul profundo, negro aterciopelado, con un polvillo arrebolado en las puntas redondeadas de las plumas curvas. Eran como nubes escarpadas fijas en la espalda luminosa de los ángeles, suspendidas en arrogante equilibrio; de tanto en tanto, un ángel, en una especie de trance maravilloso, como si le fuera imposible contener por más tiempo su felicidad, en un efímero segundo, abría sin previo aviso esa su belleza alada y era como un estallido de sol, como una burbuja de millones de ojos.

Pasaban en enjambres, mirando al cielo. Sus ojos eran simas jubilosas, y en sus miradas acerté a ver el vértigo del vuelo. Se acercaban con pasos deslizantes, bajo una lluvia de flores. Las flores derramaban su brillo húmedo en el vuelo; los esbeltos y elegantes animales jugaban, sin dejar de ascender en remolinos; los pájaros tañían de felicidad, remontando el vuelo para luego caer en picado. Y yo, un mendigo cegado y azogado, seguía parado al borde del camino, con un mismo y único pensamiento que apenas lograba balbucear dentro de mi alma de mendigo: Llámales, diles… oh, diles que en esa la más espléndida de las estrellas de Dios hay una tierra, mi tierra… que se muere en la más absoluta y acongojada oscuridad. Tuve la sensación de que si tan sólo hubiera podido agarrar con la mano aquel tornasol resplandeciente, hubiera podido traer a mi tierra una alegría tal que las almas de los humanos se hubieran visto iluminadas al instante y hubieran comenzado a girar alrededor…

Alcé mis manos trémulas, y esforzándome por impedir el camino de los ángeles traté de agarrar el dobladillo de sus casullas brillantes, de tocar los bordes, los extremos tórridos y ondulantes de sus alas curvadas que se deslizaban entre mis dedos como flores con pelusa. Yo corría y me precipitaba de uno a otro, implorando como en un delirio su indulgencia, pero los ángeles seguían su camino sin detenerse, ajenos a mí, con sus rostros cincelados mirando a las alturas. Era una hueste que ascendía hacia una fiesta celestial, hacia un claro de un bosque de un resplandor insoportable, donde tronaba y respiraba una divinidad en la que no me atrevía ni a pensar. Vi telarañas de fuego, manchas de colores, dibujos y diseños de carmesí gigante, rojos, alas violetas, y sobre todo y sobre mí, el suave susurro de una ola vellosa que ascendía. Los pájaros coronados con un arco iris turquesa picoteaban, las flores se desprendían de las brillantes ramas y flotaban. ¡Esperad un minuto, escuchadme!, les gritaba, tratando de abrazarme a las piernas de algún ángel vaporoso, pero sus pies, impalpables, inalcanzables, se me escurrían de las manos, y los extremos de aquellas alas grandes se limitaban a quemarme los labios a su paso. En la distancia, una tormenta incipiente amenazaba con descargar en un claro dorado abierto entre rocas vívidas, los ángeles se retiraban, los pájaros cesaron en sus agudas risas agitadas; las flores ya no volaban desde los árboles; sentí una cierta debilidad, fui enmudeciendo…

Y entonces ocurrió un milagro. Uno de los últimos ángeles se quedó rezagado, se volvió y en silencio se acercó a mí. Divisé sus ojos cavernosos de diamante fijos en mí desde el arco imponente de su ceño. En las nervaduras de sus alas extendidas relucía algo que parecía hielo. Las propias alas eran grises, un tono inefable de gris, y cada pluma acababa en una hoz de plata. Su rostro, la silueta levemente risueña de sus labios y su frente limpia y despejada me recordaron otros rasgos que conocía y había visto en la tierra. Las curvas, el destello, el encanto de todos los rostros que yo había amado en vida… parecieron fundirse en un semblante maravilloso. Todos los sonidos familiares que habían llegado discretos y nítidos a mis oídos parecían ahora fundirse en una única y perfecta melodía.

Se acercó hasta mí. Sonrió. Yo no pude devolverle la mirada. Pero observando sus piernas, noté una red de venas azules en sus pies y también una pálida marca de nacimiento. Y deduje, a partir de esas venas, de aquel lunar diminuto, que todavía no había acabado de abandonar la tierra por completo, que quizás pudiera entender mi plegaria.

Y entonces, inclinando la cabeza, tapándome los ojos medio ciegos con las palmas de las manos, sucias de barro, comencé a enumerar mis penas. Quería explicarle lo maravillosa que era mi tierra, y lo terrible de su síncope negro, pero no encontré las palabras que necesitaba. A borbotones, repitiéndome, balbuceé una serie de trivialidades, le hablé de una casa quemada en la que hubo un tiempo en el que el brillo que el sol dejaba en el parqué se reflejaba en un espejo inclinado. Parloteé de viejos libros y tilos viejos, de pequeñeces, de mis primeros poemas escritos en un cuaderno escolar color cobalto, de un gran peñasco gris, cubierto de frambuesas salvajes en medio de un campo lleno de mariposas y escabiosas… pero no pude, no acerté a expresar lo más importante. Me confundía, me trastabillaba, me quedaba callado, comenzaba de nuevo, una y otra vez, en un hablar confuso que no llevaba a ninguna parte, y le hablé de habitaciones en una casa de campo fría y llena de ecos, le hablé de tilos, de mi primer amor, de abejorros durmiendo entre las escabiosas. Me parecía que en cualquier momento, en cualquier momento, me vendrían las palabras para decir aquello que quería, lo más importante, que llegaría a poder contarle todo el dolor de mi tierra. Pero por alguna extraña razón sólo me acordaba de minucias, de pequeñeces y detalles mundanos que no acertaban a decir ni a llorar aquellas lágrimas corpulentas de fuego que yo quería contar sin acertar a hacerlo…

Me quedé callado y alcé la cabeza. El ángel esbozó una sonrisa atenta, silenciosa, contemplándome con celo desde sus ojos alargados de diamante. Y supe entonces que me entendía.

-Perdóname –exclamé y besé con humildad aquel pálido pie con su marca de nacimiento-. Disculpa que no sepa hablar sino de lo efímero, de trivialidades. Y sin embargo, tú, mi ángel gris, de corazón amable, me entiendes. Contéstame, ayúdame, dime, dime, ¿qué es lo que puede salvar a mi tierra?

Me tomó por los hombros un instante en un abrazo de sus alas de paloma y pronunció una sola palabra, y en su voz reconocí todas aquellas voces silenciadas y adoradas. La palabra que pronunció era tan maravillosa que, con un suspiro, cerré los ojos e incliné aún más la cabeza. La fragancia y la melodía de la voz se extendieron por mis venas, y se alzaron como el sol en mi mente: las innumerables cavidades que habitaban mi conciencia se prendieron en ella y repitieron aquella canción edénica y brillante. Estaba lleno de ella. Con la tensión de un nudo bien lazado, me golpeaba en las sienes, su humedad temblaba en mis pestañas, su dulce hielo abanicaba mis cabellos, y era una lluvia de calor celeste sobre mi corazón.

La grité, me deleité en cada una de sus sílabas, alcé mis ojos con violencia, rebosantes de arcos iris radiantes de lágrimas de alegría…

Dios mío… el amanecer de invierno brilla verdoso ya en la ventana y no consigo recordar aquella palabra de mi grito.

           

Lo bueno si breve, dos veces bueno

Entrega 2

El microrrelato debe reunir en unas breves frases la esencia de una historia que logre atrapar al lector y que sepa insinuar el desenlace. Su característica esencial, la brevedad, es norma y principio de este tipo de narración que tanto difiere del resto y que se relaciona, a menudo, con las fábulas y las parábolas, así como con el misterio y la intriga.

La temática de los microrrelatos es muy variada por lo que tienes un amplio margen de acción. Puedes escribir microrrelatos basados en refranes, en cuentos clásicos, en películas o canciones. Hay cierta tendencia a que el microrrelato emparente de cerca con la fantasía, el terror psicológico y la ciencia ficción. El elemento fantástico, lo extraño, es muy común en el microrrelato.

Para escribir microrrelatos no basta con escribir dos o tres frases. Su brevedad fuerza a quien quiera ser un experto en este género a adquirir una capacidad excepcional de síntesis. Tienes que resumir, eliminar, recortar todo lo superfluo. Lo recomendable es que crees previamente un esbozo de la historia, para después desechar los elementos accesorios y dejar lo puramente descriptivo y revelador.

Por ello, la acción no debe alargarse en el tiempo. La descripción debe reducirse al mínimo, evitando la multiplicidad de escenarios o ambientes. También debes evitar que el microrrelato tenga muchos personajes: por lo general, tres personajes ya son multitud.

Por otro lado, la brevedad es importante, pero no a costa del significado. El microrrelato tiene que contar algo, transmitir una historia. Los grandes temas de la humanidad: el amor, la muerte, el sentido de trascendencia... caben en un microrrelato.

Un recurso muy utilizado consiste en dar la clave mediante un título que revele parte del contenido. En consecuencia, el título debe formar parte del microrrelato. Ya que cada palabra cuenta, es mejor no desperdiciar las que forman el título. Así pues, es buena idea hacer constar en el título la descripción

previa de la situación, la presentación de los personajes principales o el establecimiento de la acción principal, ya que puede proporcionar a los lectores la clave de lo que van a leer a continuación. Sin embargo, el título no debe ser demasiado explícito

En una obra de esta naturaleza, debes centrarte única y exclusivamente en poner por escrito lo relevante. Céntrate en los detalles. Esto significa que se debe jugar con lo omitido. Por ello, más que decir, se debe insinuar, ya que si algo es distintivo de los microrrelatos es que estos deben dejar que el lector complete el puzle libremente. La capacidad de sugerir al lector hechos que no son contados manifiestamente es clave.

El final es lo más importante. Debe ser la culminación de lo narrado, el instante de la revelación, pero evitando el efectismo. En resumen, el final debe ser concluyente e impactante.

 

Entrega 1



Algunas ideas sobre el arte de escribir micro relatos



Entrega 1
Tendemos a pensar que el arte de escribir micro relatos es un arte complejo. Pero ¿te has parado a pensarlo?, la mayoría de las historias que contamos en la vida real suman menos de quinientas palabras.

Estás con tus amigos en un bar, relajado y pasándolo bien. Y entonces surge: «Pues en mi trabajo hay un chico...» Cuentas una historia, la creas en tu mente a medida que hablas y tratas de darle el mayor interés para así mantener cautiva la atención de tus oyentes.

Escribir micro relatos es algo parecido. No te obsesiones con los aspectos formales propios del género, con la estructura, la palabra, lo explícito y lo sugerido. Simplemente, cuenta una historia. Ahora, mientras te están escuchando.

Hay un consejo que vale para cualquier escritor de cualquier género, pero que es especialmente aplicable a la hora de escribir micro relatos: "Escribe las historias que quieres leer". No te fuerces a escribir historias para gustarles a otros, no impostes tu estilo. Si escribes lo que te gusta aflorarán tu estilo propio y las influencias de tus autores favoritos. Y esto solo puede tener consecuencias positivas.

No te preocupes sobre si tus micro relatos son o no originales. ¿Se ha contado esa historia antes? ¿Esa frase que acabas de escribir no la has leído ya en alguna parte? Lo más probable es que sí, porque tus textos se hacen eco de los de otros escritores. Ser absolutamente original después de siglos de Historia de la Literatura resulta imposible. Una vez que seas capaz de reconocer esa verdad, podrás empezar a trabajar en la construcción de un estilo propio.

Además, puedes usar en tu favor el hecho de que tu historia ya haya sido contada antes. Alude a la fuente original en tu micro relato y con pocas palabras podrás dar mucho contexto. El lector captará la referencia y sabrá de lo que estás hablando sin necesidad de entrar en más detalles.

¿Ya tienes tu historia? Pues ahora comprime, reduce, poda. Haz que cada palabra cuente, sea esencial, tenga sentido, aporte algo. Pero no tengas miedo de ampliar donde lo consideres necesario para dar cabida a determinados detalles. Puedes incluso incluir alguna floritura. Si tú no te diviertes escribiendo un micro relato, no esperes que el lector se divierta cuando lo lea.

Dejar solo lo esencial es complicado, ¿no es cierto? Por definición, en el micro relato no hay espacio suficiente para incluir explicaciones, contextos previos, ideas elaboradas, etc.

Así que tendrás que dejar pistas. Insinuar una historia mayor que se esconde detrás de las palabras de la página, pero que precisamente el lector vislumbra con claridad gracias a esas palabras.

Tienes que lograr involucrar al lector. De hecho, el lector desea ser involucrado, saberse capaz de resolver el puzle y completar la historia. Y te agradecerá que tus textos indiquen que valoras su inteligencia.

Libera tu imaginación. Amplía tus conocimientos. El mundo de un escritor, si este quiere ser convincente, debe abarcar el universo entero. Vuélcalo todo en tus micro relatos. No tienes que explicar cada cosa, el lector tiene la mente abierta cuando se enfrenta a tus textos y espera que le sorprendas. Si pretendes acotar terreno a base de dar explicaciones solo estarás poniendo de manifiesto los estrechos límites de tu imaginación.

Para acabar, revisa lo que has escrito. Asegúrate de que, por estar demasiado pendiente de la cantidad (de palabras) no has descuidando la calidad. Presta atención al orden y al significado.

martes, 7 de febrero de 2017

Libros interesantes de relatos cortos


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​ Cuentos breves para leer en el bus   -Editorial: verticales de bolsillo-
- Alice Munro : "Demasiada felicidad"​
 
 
http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=4&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwiLsMWK5P7RAhUGVxoKHcyYBMEQFgg1MAM&url=http%3A%2F%2Fplay.cadenaser.com%2Fseccion%2Fla_ventana_relatos_en_cadena%2F&usg=AFQjCNHsCaRVROWiGbj2-OyKvjurI3nBwQ&sig2=9oacaNQipnRm7e30hHWCFg


Si cliqueu sobre les lletres de dalt us sortirà l'enllaç per anar a: Relatos en cadena/audios a la carta/La Ventana/ Cadena Ser.

Si escriviu:

El diumenge, com que feia sol, vaig anar a passejar per la platja, després vaig fer  l’aperitiu i vaig tornar a casa per fer el dinar...

 

Això no és cap relat, ja que els relats, son histories (molts cops incompletes, perquè el lector dedueixi el que no s’explica) i això és una crònica d’uns fets.

 

En canvi, si escriviu:

El diumenge, com que feia sol, la Patricia se’n va anar a passejar per la platja. Seia a la terrassa d’un ”xiringuito” quan se li va acostar un home, madur però atractiu, que mirant-la fixament als ulls li va dir: ...

 

Això sí que és el començament d’una historia i per tant, d’un relat.

 

Taller de cuentos y relatos breves                  DEBERES – 1



Escoge uno de los tres nanorelatos y conviértelo en un relato breve.

Utilizar más de 10 líneas.

Le robé el corazón

—Ya puede empezar el trasplante, doctor.
Alejandro Alcalde Vicente



(Sin título)

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.
Gabriel Jiménez Eman



Cuento de horror

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

Juan José Arreola


lunes, 6 de febrero de 2017


Narrativa: Cuento y Relato

Para el profesor Fernando Valls, de la Universidad de Barcelona: “no existe, hoy por hoy, ninguna diferencia entre cuento y relato, a la hora de designar el cuento literario, al menos en el castellano que se habla en España. Quizá no resulte inútil del todo saber que el término cuento ya se usaba en el siglo XIX para designar la narrativa breve, conviviendo con otros como relación, que Fernán Caballero opone a cuento popular, y leyenda (Bécquer); mientras que el concepto de relato, tal y como lo entendemos hoy, aparece en los últimos años sesenta. Tal vez porque entonces se pensó que cuento era un término con demasiados significados (los cuentos destinados a los niños o los relatos de patrañas, sentido en que lo utiliza Clarín cuando titula su libro, El señor y lo demás son cuentos). Por esta razón, por sus componentes peyorativos, tanto de cuento como de cuentista, el narrador Fernando Quiñones pedía en 1988 que se sustituyera por relato”

 

¿Cuál es la diferencia entre cuento y relato?

La narración oral y escrita en forma de cuento y relato existe desde tiempos inmemorables, pero tienen sutiles diferencias que vale la pena destacar.
Los escritores profesionales están divididos al respecto. Algunos piensan que no se les debe diferenciar, mientras que otros simplifican el asunto a que el relato está dividido por capítulos, mientras que el cuento mantiene la estructura teatral tradicional.

Lo cierto es que un cuento es una narración estructurada en la práctica totalidad de los casos por inicio o introducción, nudo y desenlace o solución. Está arraigado en la mayoría de casos en la cultura popular y suele tener un carácter de doctrina, con moraleja final incluida, lo que lo convierte en  idóneo para público infantil.

El relato comparte con el cuento una narración breve, menor incluso que una novela corta, pero no suele mantener la misma estructura. Algunos relatos escritos ni siquiera tienen desenlace ni mucho menos moraleja.

Además el relato destaca por su heterogeneidad de género, pudiendo abarcar prácticamente cualquier estilo e incluso varios registros literarios.

Sin embargo, en el registro oral, el relato suele ser simplemente la narración de algo sucedido de lo que el narrador ha sido testigo o ha recibido la información.

 

 

Relato y microrrelato: diferencias

Una duda habitual es la dificultad para diferenciar entre relato y microrrelato. O, lo que es lo mismo, conocer el criterio de extensión que distingue a uno de otro, y sus características.

Para arrojar un poco de luz sobre estas dos composiciones narrativas empezaremos diciendo que no hay límite de líneas o páginas que defina ninguna de estas denominaciones. Incluso tenemos otros términos, como relato hiperbreve, que se asigna a la narraciones entre media y una página. Ante esta falta de claridad para definir la longitud de un microrrelato, podemos decir, como orientación, que un micro o minirrelato es lo que va desde una línea hasta no más de diez o quince (normalmente 2, 3,… 5 líneas).

El tema del relato o cuento (de las dos maneras lo podemos nombrar) ya es más complejo, porque en realidad ese concepto lo asociamos a lo breve; pero es breve no porque sí, sino porque cumple con unos requisitos: el relato es corto porque no se sale de una idea concreta, y también porque no describe con amplitud, no incluye reflexiones (excepto si están al servicio de la idea que mueve la historia) y, sobre todo (fundamental), porque los personajes están al servicio de esa idea y no nos interesa nada más de ellos. En cuanto nos metemos en la vida de los personajes, en lo que piensan, en su pasado o futuro, sus relaciones, etcétera, estamos entrando en estructura de novela. Lógicamente, si entramos en tanto detalle, la narración va a ser extensa; mientras que si nos centramos en una idea, en un suceso, el relato o cuento va a ser breve. Julio Cortázar decía que un relato es como una fotografía, de la cual no nos salimos; y que en cuanto intentábamos mostrar más de una foto a la vez, ya no era un relato.

Lo normal es que un relato tenga desde una página hasta diez o incluso veinte. Algunos, excepcionalmente, podrán llegar a 30 o 40. Hablar de más de 50 ya nos hace pensar en una novela corta. Pero insistimos en que no es por la extensión, si un relato de 40 páginas entra mucho en la vida, pensamientos, reflexiones y detalles de personajes, no sería en realidad un relato, sino que habría que repasarlo y ceñirse a la unidad de efecto, a una sola idea, sin interesarnos lo que a los personajes les ocurrió antes ni lo que les sucederá después.

Por concepto, un relato podría tener 100 páginas, pero no es normal; por ejemplo, La metamorfosis, de Kafka, es en realidad un relato en cuanto a su estructura, ya que no entra en la vida del personaje, sino en un hecho puntual que afecta a ese personaje, y del cual no se sale. En cualquier caso, siempre vamos a llamar novela a una narración con cien páginas, porque el nombre de novela lo asociamos a su extensión; de la misma forma que no llamamos novela a un texto de 3 o 10 páginas.

En resumen:

Novela: narración extensa porque se interesa por la vida de los personajes, no se detiene en una única idea o suceso e incluye muchos detalles, descripciones y reflexiones. Sería como un álbum de fotos que nos muestra diversos instantes o sucesos.

Relato: narración de extensión breve que muestra un suceso, y que no se sale de la idea que ha generado la historia, con una estructura de planteamiento (ocurre algo que es habitual), nudo o conflicto (algo se sale de lo habitual) y final o desenlace. Sería como una única foto que nos muestra un único instante o suceso.

Microrrelato: narración de extensión muy breve, mínima, en donde la idea se resuelve con mucha rapidez. La estructura de planteamiento, nudo y desenlace une sus tres partes y los plantea y resuelve al mismo tiempo; a veces en forma de “juego” o de curiosidad para el lector. Sería como un destello, un fogonazo, el flash de una foto que nos impacta en un momento, a veces incluso sin precisar un suceso.
Autor del artículo: el profesor Ramón Alcaraz.

 

sábado, 4 de febrero de 2017

Recopilación de nanorrelatos





Le robé el corazón, Alejandro Alcalde Vicente

Ya puede empezar el trasplante, doctor.


Cuento de terror, Óscar Sipán Sanz
Cuando quisimos darnos cuenta, todos éramos funcionarios.

In extremis,  Ignacio Cañas Hernández

Logré besarla. Total, era el fin del mundo.


El dinosaurio, Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.


Este texto de 7 palabras (9, incluyendo las dos del título), del guatemalteco Augusto Monterroso, fue considerado durante mucho tiempo el cuento más breve escrito en lengua castellana, además de ser el nanorelato más famoso.

Cuando el guatemalteco Monterroso inventó a su dinosaurio, no hacía algo que todos los demás siguen como parte de las “reglas del juego” de las redes sociales. Fue un acto revolucionario, que no se había hecho y que surgió como otra posibilidad literaria; fue novedoso y rompió las estructuras tradicionales. Después, otros lo siguieron.

 

Sin título, Gabriel Jiménez Eman

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

Cuento de horror, Juan José Arreola

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.

 

Post-operatorio , Adolfo Bioy Casares

-Fueran cuales fueran los resultados -declaró el enfermo, tres días después de la operación- la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban con encantamientos y con bailes.

Para un tesoro de sabiduría popular, Adolfo Bioy Casares

Me dice la tucumana: “Si te pica una araña, mátala en el acto. Igual distancia recorrerán la araña desde la picadura y el veneno hacia tu corazón”.
El Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio
, Augusto Monterroso

Hubo una vez un Rayo que cayó dos veces en el mismo sitio; pero encontró que ya la primera había hecho suficiente daño, que ya no era necesario, y se deprimió mucho.

El Emigrante, Luis Felipe Lornelí

-¿Olvida usted algo? – Ojalá.

El destino, Franz Kafka

Una jaula salió en busca de un pájaro.

Después de la guerra, Alejandro Jodorowsky

El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.

El melómano, Eusebio Ruvalcaba

Compra discos, lee biografías de músicos, colecciona programas de mano. Por sus venas circula música. Y muchas veces ama aun más la música que los propios músicos. Pero llora en vez de tocar.

Cuento de arena, Jairo Aníbal Niño

Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo.
Fundición y forja,
Jairo Aníbal Niño


Todo se imaginó Superman, menos que caería derrotado en aquella playa caliente y que su cuerpo fundido, serviría después para hacer tres docenas de tornillos de acero, de regular calidad.

A primera vista, Poli Délano

Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro.

Motivo literario, Mónica Lavín

Le escribió tantos versos, cuentos, canciones y hasta novelas que una noche, al buscar con ardor su cuerpo tibio, no encontró más que una hoja de papel entre las sábanas.

Amor 77, Julio Cortázar

Y después de hacer todo lo que hacen se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten, y así progresivamente van volviendo a ser lo que no son.


Don Quijote cuerdo
, Marco Denevi

El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria.


69,
Ana María Shua

Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando.


El harén de un tímido
, René Avilés Fabila

Cómo temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.


¡Sorpresa!,
José Costa Santiago


La primera mañana después de mi muerte.



Fiesta completa
, Eugenio Mandrini

Y llovieron panes sobre el circo.

Toque de queda, Omar Lara

—Quédate, le dije.

    Y la toqué.



Cálculos renales
, Agustín Monsreal

¡Cuánto sufrí para poder arrojar la primera piedra!

 

 

 

 

 

 

 

 

Nanorrelatos















Nanorrelatos y microrelatos

Los nanorrelatos son historias en su mínima expresión. Por lo general, un nanorrelato consta de una única línea de texto, aparte de la del título, o bien de varias líneas cortas. En este último caso suelen corresponderse con las citas de un diálogo breve. Por término medio, un nanorrelato está redactado con unas 10 palabras (incluidas las del título).




Microrrelato (microcuento, cuento brevísimo o minicuento) son las denominaciones dadas para un conjunto de obras diversas cuya principal característica es la brevedad de su contenido.[] La obra de patriarcas del género como pudieron ser Juan José Arreola, Leopoldo Lugones, Augusto Monterroso, o los propios Borges y Cortazar, a lo largo del siglo XX, ha provocado que se haya desarrollado con especial dedicación en Hispanoamérica, donde es un ejercicio literario muy popular.

Principales características


Los rasgos aplicables al microrrelato son varios. En “El microrrelato y la teoría de los géneros” (2008), David Roas distingue una amplia lista de rasgos discursivos, formales, temáticos y pragmáticos. Algunos de estos incluyen:

Rasgos discursivos: narratividad, hiperbrevedad, concisión. etc.

Rasgos formales: estructura simple, personajes mínimamente caracterizados, espacios esquemáticos, condensación temporal, etc.

Rasgos temáticos: intertextualidad, metaficción, ironía, parodia, humor, etc.

Rasgos pragmáticos: exigencia de un lector activo.

Brevedad

La brevedad, noción que también aplica al cuento, es el rasgo más obvio de este tipo de textos. Sin embargo, es una característica bastante subjetiva, ya que existen microrrelatos de más de una página. Contar el número de palabras es sólo una forma de ilustrar el concepto de brevedad. Justamente por el carácter subjetivo de este criterio, algunos críticos, como David Roas y David Lagmanovich prefieren hablar de "concisión". Lagmanovich también observa que aunque la brevedad es una “condición absolutamente primaria de todo microrrelato, ésta es insuficiente por sí sola para establecer sus características". Como texto breve, el microrrelato depende mucho de su paratexto. De ahí la pertinencia de los títulos, que pueden ayudar a la focalización o a completar aquello que, por la brevedad, no se dice. En algunos casos son imprescindibles para completar el sentido. También es cierto que varios microrrelatos carecen de título, hecho que parece plantear la expectativa de que sea el lector quien "abra" o "expanda" el relato presente en este tipo de narrativa.

Intertextualidad

La intertextualidad es una característica esencial en el microrrelato para lograr la economía o síntesis verbal.

La intertextualidad es la relación que un texto (oral o escrito) mantiene con otros textos (orales o escritos), ya sean contemporáneos o anteriores; el conjunto de textos con los que se vincula explícita o implícitamente un texto constituye un tipo especial de contexto, que influye tanto en la producción como en la comprensión del discurso.

Elipsis

La elipsis se refiere a la omisión, los vacíos y el silencio que practica el género. Para críticos como Irene Andres-Suárez, la dependencia del microrrelato con respecto a la elipsis explica la diferencia entre microrrelato y cuento ya que la intensificación de la elipsis generó, en un momento dado, una reacción en cadena que terminó afectando a su estructura profunda, es decir, la diferencia cuantitativa se volvió cualitativa, dando como resultado un modelo textual diferente [...]; el proceso sería equivalente al que se dio en su día en la novela corta respecto de la larga

En esencia, me parece que no existe, hoy por hoy, ninguna diferencia entre cuento y relato, a la hora de designar el cuento literario, al menos en el castellano que se habla en España

Publicado por Fernando Valls Etiquetas: Son cuentos